No existe conexión entre mi rutina y lo ocurrido.
No existe explicación para mis actos impulsivos e irrefrenables.
Es ahora cuando me pregunto qué es lo que me sucede:
¿Por qué insistí con este asunto tan pasado, tan histórico?
A veces me aseguro de que esto será un asunto eterno,
una constante mirada y un constante rechazo
cada vez que nos juntemos, sin proponerlo nosotros;
que es, más bien, un asunto abierto, nunca concluído,
muy escondido en mis profundidades mentales,
muy oculto para no llorarlo.
Es un asunto que sólo me lastima cuando me distiendo,
cuando lo remarco y lo expongo de vez en cuando.
Será cuestión de que el tiempo siga corriendo,
de que siga haciendo mis cosas,
de que siga formando mis ideas, mis pensamientos...
Y así tal vez logre hacer desaparecer este asunto por completo.
Logre, quizá, disolverlo paulatínamente.
"Mejor quedarse quieto y esperar... Por favor perdona mi actitud."