Ella: ¿Estás en tu casa?
Él: Si, ¿Qué pasó?
Ella: ¿Podés venir? Necesito charlar.
Él: Ya voy...
15 minutos después suena la puerta, ella abre y se sientan lado a lado.
Él: ¿Estás bien?
Ella: ¿Sos feliz?
Él: No sé, a veces si, a veces no.
(Ella se queda en silencio mirando al vacío mientras sus ojos se hacen aguas salvajes.)
Él: ¿Qué te pasa? ¿Qué pasó?
Ella: Dudo, otra vez dudo de todo y no sé cómo despejarme.
Él: Es lógico antes de hacer un viaje tan importante...
Ella: Otra vez... Desde ayer que no dejo de pensar, no puedo parar de recordarte. Esta mañana me imaginé que te encontraba en algún lugar, sorpresivamente, como tantas veces imaginé...
(Él se queda en silencio y sólo la mira.)
Ella: Sé con quién estoy, sé que estoy enamorada de él; pero a veces siento que nunca voy a poder olvidarte. Sé que con él me espera un futuro, contigo no voy hacia ningún lugar, sólo me espararía un extenso e insoportable desierto. Sé que él es lo correcto, lo saludable, lo deseable y, hasta diría, lo perfecto... sé que lo amo y lo merezco, nos merecemos; y vos sólo sabes herirme. Y sin embargo, acá estoy... Te llamé, viniste, te explico mi situación y no sé con qué fin. No existe solución...


